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¿Quien era la mujer del flujo de sangre?

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¿Quien era la mujer del flujo de sangre?

La mujer del flujo de sangre era una judía del tiempo de Jesús que sufría de hemorragia. La Biblia no nos dice su nombre, pero su fe es un gran ejemplo de vida. Por su fe, la mujer fue sanada de su flujo de sangre.

La historia de la mujer del flujo de sangre

La mujer sufrió una hemorragia durante 12 años y había gastado todo lo que tenía en médicos, pero ninguno fue capaz de ayudar (Marcos 5:25-26). Cuando ella vio que Jesús estaba pasando, la mujer fue detrás de él para recibir el milagro.

Había una gran multitud alrededor de Jesús, pero la mujer con el flujo de sangre se las arregló para acercarse a él y tocar el borde de su ropa (Mateo 9:20-21). Y al tocar la ropa de Jesús, la mujer fue sanada de hemorragia.

Jesús sintió y preguntó quién había tocado su manto. Los discípulos se confundieron, porque mucha gente estaba cerca de él. Pero Jesús explicó que ese toque había sido diferente, porque salió poder de él.

La mujer, viendo que no podía esconderse, contó lo que había hecho y cómo había sido curada del flujo de sangre. Jesús la envió en paz porque su fe la había salvado (Lucas 8:46-48).

¿Qué podemos aprender de la mujer del flujo de sangre?

La mujer del flujo de sangre nos muestra el poder de la fe.

Para Judios, el flujo de sangre dejaba a la persona impura (Lev 15:25-27). Por eso, la mujer del flujo de sangre habría sido considerada impura durante 12 años, con contacto muy limitado con otras personas y sin poder ir al templo para adorar a Dios.

La mujer buscó ayuda médica, pero este problema no se pudo curar con medicamentos. Ella sabía que necesitaba un milagro. Cuando oyó hablar de Jesús, creyó en su poder y buscó su ayuda. Jesús sanó a la mujer del flujo de sangre con un simple toque de su ropa, porque ella tenía fe.

Hizo falta valor para salir de la casa enferma, para enfrentarse a la multitud y para contarlo todo delante de tanta gente. Ella no lo sabía, pero decidió arriesgarlo todo para obtener la salvación que necesitaba. Por eso fue bendecida por Jesús.

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